Me traje el corazón de
lejos/roído con los vientos/la sábana la noche se pudría en los jirones/yo
quería la mujer que gritaba/todas las cosas verdaderas/al fondo de mi cama/y
tomar tu largo corazón/como un mate/que lejos traía/qué lejos/no hubo el mar naranja
del ocaso/a la visión asistida/las palmas juntas/las pestañas del cielo/seducía
una memoria/donde había/y hubo/un largo corazón/pasillo para palpar descalza y
a oscuras/la humedad de la siesta/tocar siluetas que quisiste/saber la mía/que
todavía no dejaba de vivir/todavía tenía sed/todavía abría libros/al
sol/todavía/bajo la lámpara/esperaba esa mujer/que gemía/por todas las cosas
verdaderas
lunes, 25 de junio de 2012
miércoles, 20 de junio de 2012
Milva
Milva en un circuito de aves
fuertes, tirando al espacio su lengua de alfombra roja, subí subí
por su lengua cabellera, estirada
de una espada rubí corinto, subí por el fuego cortado de la balada,
por vení subí la madreselva volada de la música
miércoles, 13 de junio de 2012
Schubert
Mi viejo dice:
<Cuando tuve que ir a profesor
particular de estenografía para aprobar la última materia del secundario, en
Corrientes, mi profesor ponía esta canción todas las tardes, y decía: -Escuchá,
escuchá, ¿cómo pudo hacer algo tan perfecto?-
Para eso vino al mundo Schubert,
para hacer esta melodía perfecta, fue lo único que hizo bien. Y pasó a la
posteridad. No es necesario hacer muchas cosas, sino una sola bien, y ya está>
Yo, ahora:
El efecto límite de Schubert es
tocar diez veces hoy esta melodía en la orquesta de youtu y hacer que me muera
de ganas de que mi vida se resuma en esa música
viernes, 1 de junio de 2012
Jazz
En este cuarto entiendo. Soy nada más que un viaje encarnizado.
Amelia Biagioni
Poema de diciembre
De Poesía Completa
Anoche
Leyendo el Tristam Shandy de Sterne: el procedimiento de disgregación como base de la composición novelesca para dilatar y confundir la fatalidad de la muerte. Pensé
en el espacio de tiempo en que perdemos la comunicación con un otro (marcado por un dolor, por un malentendido, por una distancia) es casi como si estuviera muerto. Cuando un otro muere lo que más duele al principio no es la muerte en sí sino el propio cuerpo del que quedó, abrumado por la violencia de la ruptura comunicativa. De repente, durante esa tensión del tiempo, los gestos cotidianos parecen el mismísimo corazón queriéndonos subir a la boca. Se agigantan y tropiezan con la ausencia. La voluntad y el orgullo y la prudencia y lo que fuere son los señores directrices del manicomio donde es necesario distribuir a cada palabra una camisa de fuerza.
Se hayan dicho o no grandes cosas durante la armonía,
mientras el otro vive todavía está disponible la posibilidad del decir.
Se hayan dicho o no grandes cosas durante la armonía,
mientras el otro vive todavía está disponible la posibilidad del decir.
Esta tarde
Tony Bennet y Bill Evans Album (1975)
(...)
(...)
miércoles, 30 de mayo de 2012
La moribunda
Yo residía en mi gran casa de
elefantes, arruinada, azul, con algunas puertas enfrentando los mares, movidas,
las mañanas eran saladas y filosas, las lunas daban vueltas apretándose las
manos, a veces, cuando volvía, derramada de la tierra, me esperaban todas
peinándose los brillantes cabellos, yo hice casa, vieja y alta, delirando con
tallar palabras en tu frente, limpiarla de los sueños antiguos, limpiarla, de
la vanidad de los amores, darte, en una distracción, la escultura de mi muerte,
decirte, acá están reunidas las moribundas, las mujeres y hombres y bestias que
fuí, señalarte, en esta muerte aparecés vos, en esta otra mis hermanos, en esta
pequeña las palomas negras de la catedral, todas las horas juntas que
observamos el cielo hasta la noche, las estrellas del verano, las telas del
ocaso a jirones, a veces, cuando vuelvo, me siento en las puertas a contar los
colores de la luz en el espacio que tenías, a veces, hambrienta, tomo largas
tazas de agua verde y canto mínimas canciones, la del conejo roto, la de la
torre oscura, siempre regreso a mi caída casa de elefantes, allí te desvaneces,
allí pierdes tus brazos, tu pecho, tu modo de mirar, todo se deshace, en los
regresos se amputan ciertas calles, algunas imágenes sepia donde sonreímos, el
cristal de tu mano donde bebía la literatura, siempre regreso, y prendo un
fueguito con madera de anís, y me acobijo en el hueco húmedo de una escalera y
abro libros, y creo que algún hombro tuyo, algún gesto, quedó atrapado entre
las páginas, y busco las ruinas, y vuelvo, y allí me apago, amor, me desdibujo,
torpe memoria de los días
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